sábado, 25 de marzo de 2017

FLUYE COMO EL AGUA II

Parece que (véase el post anterior "fluye como el agua" si quieren hacerlo) la Sociedad en sí toma el lema del título, el que también recordarán del anuncio de Bruce Lee  ese de "be water, my friend". La Sociedad fluye como ente colectivo movido por grandes dosis de intuición que terminan en manos de los intereses informativos y políticos. Y esto desemboca en una oportunidad más para el despiadado sistema consumista. Llega la locura esa de decir que científicamente "comprar nos hace más felices". Me recuerda al poeta y su "se equivocó la Paloma..., se equivocaba". Creemos que "noticia" es información. Pero, lo primero, es un concepto muy volátil, variable y relativo que hace que difícilmente se pueda llegar a la objetividad que debería encerrar  su campo semántico más evidente. "A los hechos me remito", como diría el Lazarillo de Tormes. Pero, en cuanto a la felicidad, estamos casi en el mismo punto de partida, aunque hemos adelantado unos metros, sin duda. Ahora la Ciencia se está animando con la posibilidad de rejuvenecernos celularmente, y espero que nos llegue algo mientras vivamos. Rejuvenecer sí que nos aportaría bienestar interno, como lo hace esa fechoría de la transformación estética que invade a muchos bajo la ingenua comprensión de que a cuerpo hermoso, mente limpia. Pero es más bien "mens sana in corpore sano" en su interpretación más humanístico-medieval, y no en el sentido latino originario. Cuantas veces habré escrito eso de que "la Sociedad avanza que es una barbaridad", porque me gusta esa frase por todo lo sencillo y cínico que encierra a la vez. ¿Estamos abocados a repetir las mismas pautas sociales colectivas sin remedio? Parece que es lo que ocurre, y es lo que lleva a pensar a muchos que la Sociedad tiene como poco un cierto comportamiento cíclico. Aunque, en realidad, no creo que sea así. La Naturaleza sí que es cíclica en nuestro diminuto criterio de temporalidad. Ya saben que "parecer" no significa que "sea" por mucha apariencia verosímil  que contenga la semántica del primer verbo con el referente. Pero, sí, la "Sociedad Fluye"  buscando ser feliz como ente colectivo. Igualmente, el Universo y el Mundo fluyen sobre sí mismo medidos en eones temporales. Y finalmente, uno, como individualidad, debería fluir como adaptación al medio. Pues algunos dicen que el ser humano es el único que ha roto la cadena de la selección natural con mejora de la genética de la especie.

sábado, 18 de marzo de 2017

FLUYE COMO EL AGUA

Fluye como el agua. Es una idea de cómo conseguir la felicidad. La idea que recoge también el libro de Mihalyi Csikszentmihalyi titulado "Fluir: una piscología de la felicidad".  Era una buena época para la literatura de la felicidad. Ahora nos invade la literatura de motivación personal. La diferencia es que en aquellos años 90 hubo un interés científico por una cuestión relegada al ostracismo por la propia Ciencia, que consideraba la felicidad como una parte de estudio psicológica, y ya saben que para muchos la Psicología no es una Ciencia. O mejor dicho, no "era" una Ciencia en sí misma, porque el estudio del cerebro estaba lleno de relatividad. Hasta que llegó la demostración irrefutable de la plasticidad cerebral. Entonces, muchos tuvieron que admitir que tal vez la felicidad estuviera en el cerebro, que no era un cuestión relativa sobre psicología, o incluso de la filosofía (y aunque esta última durante mucho tiempo se consideró la "Madre de la Ciencia", la realidad es que la propia Ciencia no la incluye como tal). La Neurología intentó apoderarse de la franja de trabajo de la Psicología por creer que eran ellos los llamados a darle ese carácter de "ciencia fina". La felicidad se puso de moda, los estudios conductuales sobre el comportamiento humano también. Apareció el concepto de Big Data para la comprensión de las individualidades y sus potenciales beneficios comerciales. Se podría decir que se abrió una motivición científica por comprender más a nuestro cerebro. Era una época de bonanza económica. Y dirán que esas cosas no influyen. Pero, no me dirán que, esa magnificiencia hacia la psicología de la motivación y superación personal como búsqueda de la felicidad, no está influida por la sombra social de la desesperanza de intuir que estamos como retrasando el tiempo hacia finales de los años treinta del siglo pasado. La Sociedad tiene  intuición como ente colectivo. La Sociedad necesita igualmente esperanza como ente colectivo. Y ahora le toca el turno a esa necesidad social de "escapar" de la que siempre fue la triste realidad. La de entender que  los líderes políticos en quien el grueso de la población deposita la confianza del gobierno del Estado trata a la Sociedad como a borregos o marionetas de sus intereses.  Lo siento por no ser una idea ni nueva ni original. En unos países más que en otros, sin duda, pero la globalización ya no deja en paz a nadie. Todo se globaliza, hasta la tristeza social y la desmotivación humana. También es lo natural y razonable que surja una literatura motivadora. La necesidad crea el negocio, supongo. Es una consecuencia social como colectivo "global". Continuará...


sábado, 11 de marzo de 2017

LA REGRESIÓN

Todo vuelve al punto medio. Es el punto de inflexión básico. Es el promedio de logro de cualquier actividad. A partir de ahí estaremos por encima o por debajo de la media en nuestros propios logros. No obstante, y teniendo cuenta muchos factores influyentes en conseguir estar por encima o debajo de la media, hemos de tener en cuenta que, la probabilidad de no repetir resultados es obvia. Es decir, si mejoramos, tendremos más probabilidades a empeorar por redirección a la media; y si empeoramos, tendremos más probabilidades de mejorar por el mismo motivo. En esto se basa el concepto de la regresión. Y es un mecanismo tan inculcado en el inconsciente que puede confundirse con la intuición, pues nuestro cerebro aplica la regresión para determinar probabilidades en casi cualquier ámbito de la vida. La cuestión es que, al mismo tiempo, nuestro cerebro necesita tener una lógica para los procesos en forma de causa-efecto. Y aquí es dónde empieza la confusión. Imagínense que son atletas (yo no podría hacerlo) y están entrenando una técnica concreta. Digamos que tiene una media de logro (X), entonces, cuando logremos mejorar esa media (x+% de logro), nos felicita el entrenador. Pero a la siguiente vez que lo intentamos, empeoramos (X - % de logro). Entonces, el entrenador nos grita desesperado por el retroceso. Y al hacerlo nuevamente, mejoramos. Si observamos este comportamiento de forma asidua, entonces, una aparente lógica nos llevaría a precisar que mejoramos con la recriminación del error por parte del entrenador, y que empeoramos, si nos anima al respecto. Pero la Ciencia nos dice que es al contrario, que hacemos mejor las cosas cuando adquirimos la confianza de nuestros allegados. Es más acertado, pues, imponer el concepto de la regresión probable. Si nos dan a predecir institivamente, nuestro cerebro reaccionará inconscientemente hacia la regresión, pero dejará constancia de una aplicación lógica errónea antes que atribuir el mérito al casi esotérico concepto de la intuición. Para el cerebro todo tienen que tener una explicación razonable (aunque sea en realidad una razón no motivada ). Es un proceso gestalt, sin duda. Una consecuencia de esto es el motivo por el que en los estudios científicos haya un grupo de control que no lleve al error de una interpretación de resultados que sean en realidad  una regresión hacia el azar y las probabilidades.

sábado, 4 de marzo de 2017

LA FALACIA NARRATIVA

Necesitamos comprender el Universo. El Mundo. Necesitamos tener una explicación que nos satisfaga sobre todo lo que nos rodea y sentimos. Y para conseguir esa explicación recurrimos a cualquier tipo de narrativa que nos dé una coherente interpretación de los hechos, e incluso, en muchas ocasiones, ni importa si es coherente o no esa interpretación. Intentamos negar el hecho de la influencia del azar a toda costa, o transformarlo en tabú si es necesario. El azar no nos sirve como explicación del Universo, ni siquiera del Mundo, ni mucho menos como recurso de la propia Naturaleza. ¿Les viene eso de que la Naturaleza es sabia? No podemos admitir que fuera de otra manera, por muy esotérica que nos parezca en ciertos momentos sus procedimientos. Cuanto menos datos tengamos de una circunstancia, mejor será nuestra inventiva narrativa para explicar las causas por la que ocurren los hechos. Pero la estadística aplicada a ciertos campos de expertos en predicciones sobre el futuro, como inversores, ojeadores deportivos o analistas de cualquier área, demuestra que los porcentajes de aciertos en las previsiones no superan el índice de probabilidad del azar. Intentamos explicar el éxito o fracaso de cualquier actividad eliminando de ella el parámetro de la suerte, y para ello recurrimos a paralelismos de logros supuestamente objetivos que refuerzan nuestra narrativa cognitiva. Creemos que seleccionamos bien a un candidato si hemos aplicado supuestos profesionales en los que destacan los aspirantes, pero en realidad, no puede predecirse si en situaciones reales se comportarán como se ha predicho. De hecho, no ocurre más allá de la probabilidad natural de que ocurra. Y sin embargo, y a pesar de tener esos conocimientos sobre la falacia narrativa, seguimos utilizamos los mismos procesos de selección contrarios a la estadística sobre resultados. Es un proceso inevitable para la mente huamana. El efecto del pensamiento sistemático Moneyball  nos muestra dicho proceso de análisis y la importancia del Big Data en la actualidad en cuanto al procesamiento de la información. Se está perdiendo el remanticismo lógico.

domingo, 26 de febrero de 2017

LA MAZMORRA OSCURA

Todos tenemos una mazmorra oscura donde guardamos los más íntimos secretos emocionales. Son recuerdos emocionales que jamás verán la luz, ni siquiera cuando la muerte venga a visitarnos. Sin melodrama. Son sólo para nuestros ojos. Para llorar a oscuras cuando nadie nos ve. O para vivir placeres prohibidos o no prohibidos que no pueden ser revelados por alguna razón social más que racional. Es la "Torre de Londres" del sueño literario de Shakespeare.  Dice la leyenda que cuando los cuervos que revolotean por la Torre desaparezcan, Inglaterra desaparecerá. Es una leyenda tan irónica como romántica. Así es nuestra mazmorra oscura, alejada de cualquier conexión neuronal que pueda servir como coadyuvante para una posible fuga de las emociones y sentimientos  encerrados hasta el fin de los días. Quien no posee en su interior una mazmorra oscura, bien por negligencia emocional, bien por autodestrucción, se enfrenta a una lucha voraz contra sí mismo, sus ideales, sus sentimientos, emociones, convicciones y conciencia que le llevará a una inadaptabilidad emocional que conduce a cierto grado de demencia. Las enfermedades mentales serán un caballo de Troya para las relaciones humana a nivel mundial. Será una de las enfermedades devastadoras del futuro cercano si no lo son ya. Pero no nos vamos a flagelar por ello, pues, para eso tenemos nuestra mazmorra oscura en algún lugar de nuestro cerebro. Y descubrirán ese lugar  esté  donde se halle. Y crearán medicamentos para reparar y solucionar los desperfectos de nuestra mente. Mientras tanto, Sería mejor expresar nuestras pesadumbre  en forma de versión actualizada del poema de amor místico de la "Noche Oscura del Alma" de San Juan de la Cruz.  Nada está inventado emocionalmente que no haya pasado por nuestros antepasados, aunque nuestras emociones sí que sean eternas.

domingo, 19 de febrero de 2017

FELICIDAD A LARGO Y CORTO PLAZO

A nadie se le escapa que la felicidad tiene fases que duran más en el tiempo que otras, que suelen ser más momentáneas por así decirlo. Y eso parece que tiene cierta relación con la memoria. Dicen que comprar nos hace más felices, según algunos estudios contrastados, porque el hecho de comprar se nos mantiene más a largo plazo que otros placeres. Ah, ya he escrito la palabra que quería dejar para el final, por lo de la intriga y eso. "Placeres". Son los que se marcan en nuestra memoria. Pero, entonces, placer sería sinónimo de felicidad. Ya saben que no me gustan los sinónimos, ni las casualidades. Los placeres pueden iluminar las mismas zonas del cerebro que la felicidad (eso si es cierto que han encontrado las zonas que se iluminan cuando uno es feliz), y tal vez tenga que ver algo con la felicidad en tal caso, o que forme parte de ella. Pero hay muchas otras sensaciones que encienden la mismas zonas. ¿Son también felicidad?, o placeres. La memoria, por otro lado, puede tener que ver con la felicidad. Pero son más felices lo que tienen más memoria o los que tienen menos, a largo o a corto plazo. Comprar produce dopamina si no me equivoco. Las adicciones también. El placer y las dopaminas. Las dopaminas y las adicciones. Y las adicciones con el placer. Por último el placer con la felicidad. No sé. Vayan a comprar si quieren ser felices, o creer que son felices, porque eso me suena a un mensaje del más puro y devorador consumismo. Por qué no me leo un libro o escribo un poema de amor. También vale cualquier otro, porque también dicen que escribir poemas de amor o de otra índole espiritual nos hace  sentir más felices. Comprar da placer, eso dicen, y hacerlo compulsivamente, es una adicción, pero ¿no sería felicidad en su máxima potencia? ¿éxtasis tal vez? ¿nirvana? No. Es Ansiedad como poco. Entonces, comprar, ¿no sería la antesala de la adicción? como dicen que fumarse un porro es la antesala de la drogadicción. Creo que la felicidad no es tan banal como ir de compras, aunque te produzca cierto placer neuronal, que lo produce, sin dudarlo. Algo así como meterse en decir que sexo y amor son sinónimos. Algo así. Dichosos sinónimos.

martes, 14 de febrero de 2017

LA METACIENCIA

La Ciencia empieza a ser una feria de estudios de los que no se sabe a donde nos van a llevar. Resulta que todo acto científico debería ser reproducido por terceros con los datos originales para la autentificación de cualquier estudio concreto. Pero claro, con tantas patentes y demás  derechos industriales, de autor, etc cualquiera reproduce hoy en día un banal experimento. Así son las cosas. Pero la consecuencia es que el número de experimentos y estudios científicos ha aumentado de forma descontrolada en los cuales los sesgos participativos aparecen con frecuencia. Piensen simplemente en los patrocinadores que esperan que la Ciencia les dé la razón, al menos en parte, como contraprestación a una inversión científica. Si una empresa cafetera, por ejemplo, patrocina un estudio científico sobre los efectos del café, espera el mínimo que se resalte los beneficiosos sobre los perjuicios. Para eso patrocina, para justificar que su producto tiene el apoyo científico de cara a la venta. Por otro lado, cuántos estudios y experimentos son un desperdicio de recursos por su nula aplicación social. Cuántos estudios han llevado a malas praxis basados en datos erróneos o insuficientes. Véase el famoso estudio económico que originó la tesis de la contención económica en la última crisis, esa que todavía nos dura, y que resultó ser un fiasco de estudio basado en un horripilante procesamiento de datos parcialmente informados y sin casi rigurosidad. Pero claro, la Economía no es una ciencia en sí misma, pues se expresa como "Ciencia Social". Parece que la Ciencia se está convirtiendo en un caballo al que hay que mirarle los dientes antes aceptar sus propuestas y teorías. El prestigio de la Ciencia como baluarte del progreso social y humano está perdiendo de vista los orígenes. Pero si llega el momento en el que la Ciencia se convierte en "late show" al servicio del consumismo y pierde el respeto de la Sociedad, ¿en qué se va a poder creer? No me digan que en dios, pues parecería que todo es un plan urdido por los poderes fácticos para alcanzar tal fin. Sería una paranoia, sin duda, conspiratoria. Ironía aparte, la Ciencia es lo único que nos separa de la barbarie de los pensamientos retrógrados y represivos. Aunque, para ser justos, también el pensamiento crítico, ese que tanto falta en los planes de estudios.